Databac

María, de Jorge Isaacs - antología.

Publié le 06/12/2021

Extrait du document

Ci-dessous un extrait traitant le sujet : María, de Jorge Isaacs - antología.. Ce document contient 1348 mots. Pour le télécharger en entier, envoyez-nous un de vos documents grâce à notre système d’échange gratuit de ressources numériques ou achetez-le pour la modique somme d’un euro symbolique. Cette aide totalement rédigée en format pdf sera utile aux lycéens ou étudiants ayant un devoir à réaliser ou une leçon à approfondir en : Astrologie
María, de Jorge Isaacs - antología.
La novela del escritor colombiano Jorge Isaacs, María, es el ejemplo más puro de la literatura regionalista latinoamericana. A través de la historia de amor entre María y
Efraín, el autor ahondó en la realidad americana. El fragmento recoge la muerte de la protagonista

Fragmento de María.
De Jorge Isaacs.
Capítulo LXII.
En la mañana que siguió a la tarde en que María me escribió su última carta, Emma después de haberla buscado inútilmente en su alcoba, la halló sentada en el banco
de piedra del jardín: dejábase ver lo que había llorado: sus ojos fijos en la corriente y agrandados por la sombra que los circundaba, humedecían aún con algunas
lágrimas despaciosas aquellas mejillas pálidas y enflaquecidas, antes tan llenas de gracia y lozanía: exhalaba sollozos ya débiles, ecos de otros en que su dolor se
había desahogado.
--¿Por qué has venido sola hoy? --le preguntó Emma abrazándola--: yo quería acompañarté como ayer.
--Sí --le respondió--; lo sabía; pero deseaba venir sola: creí que tendría fuerzas. Ayúdame a andar.
Se apoyó en el brazo de Emma y se dirigió al rosal de enfrente a mi ventana. Luego que estuvieron cerca de él, María lo contempló casi sonriente, y quitándole las
dos rosas más frescas, dijo:
--Tal vez serán las últimas. Mira cuántos botones tiene: tú le pondrás a la Virgen los más hermosos que vayan abriendo.
Acercando a su mejilla la rama más florecida, añadió:
--¡Adiós, rosal mío, emblema queri...

« María, de Jorge Isaacs - antología. La novela del escritor colombiano Jorge Isaacs, María, es el ejemplo más puro de la literatura regionalista latinoamericana.

A través de la historia de amor entre María y Efraín, el autor ahondó en la realidad americana.

El fragmento recoge la muerte de la protagonista Fragmento de María . De Jorge Isaacs. Capítulo LXII. En la mañana que siguió a la tarde en que María me escribió su última carta, Emma después de haberla buscado inútilmente en su alcoba, la halló sentada en el bancode piedra del jardín: dejábase ver lo que había llorado: sus ojos fijos en la corriente y agrandados por la sombra que los circundaba, humedecían aún con algunaslágrimas despaciosas aquellas mejillas pálidas y enflaquecidas, antes tan llenas de gracia y lozanía: exhalaba sollozos ya débiles, ecos de otros en que su dolor sehabía desahogado. —¿Por qué has venido sola hoy? —le preguntó Emma abrazándola—: yo quería acompañarté como ayer. —Sí —le respondió—; lo sabía; pero deseaba venir sola: creí que tendría fuerzas.

Ayúdame a andar. Se apoyó en el brazo de Emma y se dirigió al rosal de enfrente a mi ventana.

Luego que estuvieron cerca de él, María lo contempló casi sonriente, y quitándole lasdos rosas más frescas, dijo: —Tal vez serán las últimas.

Mira cuántos botones tiene: tú le pondrás a la Virgen los más hermosos que vayan abriendo. Acercando a su mejilla la rama más florecida, añadió: —¡Adiós, rosal mío, emblema querido de su constancia! Tú le dirás que lo cuidé mientras pude —dijo volviéndose a Emma, que lloraba con ella. Mi hermana quiso sacarla del jardín diciéndole: —¿Por qué te entristeces así? ¿No ha convenido papá en demorar nuestro viaje? Volveremos todos los días.

¿No es verdad que te sientes mejor? —Estémonos todavía aquí —le respondió acercándose lentamente a la ventana de mi cuarto—: la estuvo mirando olvidada de Emma, y se inclinó después adesprender todas las azucenas de su mata predilecta, diciendo a mi hermana—: Dile que nunca dejó de florecer.

Ahora sí vámonos. Volvió a detenerse en la orilla del arroyo, y mirando en torno suyo apoyó la frente en el seno de Emma murmurando: —¡Yo no quiero morirme sin volver a verlo aquí! Durante el día se la vio más triste y silenciosa que de costumbre.

Por la tarde estuvo en mi cuarto y dejó en el florero, unidas con algunas hebras de sus cabellos, lasazucenas que había cogido por la mañana; y allí fue Emma a buscarla cuando ya había oscurecido.

Estaba de codos en la ventana, y los bucles desordenados de lacabellera casi le ocultaban el rostro. —María —le dijo Emma después de haberla mirado en silencio unos momentos—, ¿no te hará mal este viento de la noche? Ella, sorprendida al principio, le respondió tomándole una mano, atrayéndola a sí y haciendo que se sentase a su lado en el sofá: —Ya nada puede hacerme mal. —¿No quieres que vayamos al oratorio? —Ahora no: deseo estarme aquí todavía; tengo que decirte tantas cosas... —¿No hay tiempo para que me las digas en otra parte? Tú, tan obediente a las prescripciones del doctor, vas así a hacer infructuosos todos sus cuidados y losnuestros: hace dos días que no eres ya dócil como antes. —Es que no saben que voy a morirme —respondió abrazando a Emma y sollozando contra su pecho. —¿Morirte? ¿morirte cuando Efraín va a llegar?... —Sin verlo otra vez, sin decirle...

moriré sin poderlo esperar.

Esto es espantoso —agregó estremeciéndose después de una pausa—; pero es cierto: nunca lossíntomas del acceso han sido como los que hoy estoy sintiendo.

Yo necesito que lo sepas todo antes que me sea imposible decírtelo.

Oye: quiero dejarle cuanto yoposeo y le ha sido amable.

Pondrás en el cofrecito en que tengo sus cartas y las flores secas, este guardapelo donde están sus cabellos y los de mi madre; esta sortijaque me puso en vísperas de su viaje; y en mi delantal azul envolverás mis trenzas...

No te aflijas así —continuó acercando su mejilla fría a la de mi hermana—: yo nopodría ya ser su esposa...

Dios quiere librarlo del dolor de hallarme como estoy, del trance de verme espirar.

¡Ay! yo podría morirme conforme dándole mi últimoadiós.

Estréchalo por mí en tus brazos y dile que en vano luché por no abandonarlo...

que me espantaba más su soledad que la muerte misma, y...

María dejó dehablar y temblaba en los brazos de Emma; cubrióla ésta de besos y sus labios la hallaron yerta; llamóla y no respondió; dio voces y ocurrieron en su auxilio. Todos los esfuerzos del médico fueron infructuosos para volverla del acceso, y en la mañana del siguiente día se declaró impotente para salvarla. El anciano cura de la parroquia ocurrió a las doce al llamamiento que se le hizo. Frente al lecho de María se colocó en una mesa adornada con las más bellas flores del jardín, el crucifijo del oratorio, y lo alumbraban dos cirios benditos.

De rodillasante aquel altar humilde y perfumado oró el sacerdote durante una hora, y al levantarse, le entregó uno de los cirios a mi padre y otro a Mayn para acercarse con ellos. »

↓↓↓ APERÇU DU DOCUMENT ↓↓↓

Liens utiles