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El arte y los artistas - antología.

Publié le 06/12/2021

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El arte y los artistas - antología. En este fragmento de la introducción de la célebre historia del arte de E. H. Gombrich se analiza, con un estilo ameno en clave de divulgación característico de este autor, la relación entre el arte, los artistas y el espectador. La traducción de esta edición es de Rafael Santos Torroella. Fragmento de La historia del arte. De Ernst Hans Gombrich. Introducción. No existe, realmente, el Arte. Tan sólo hay artistas. Estos eran en otros tiempos hombres que cogían tierra coloreada y dibujaban toscamente las formas de un bisonte sobre las paredes de una cueva; hoy, compran sus colores y trazan carteles para las estaciones del metro. Entre unos y otros han hecho muchas cosas los artistas. No hay ningún mal en llamar arte a todas estas actividades, mientras tengamos en cuenta que tal palabra puede significar muchas cosas distintas, en épocas y lugares diversos, y mientras advirtamos que el Arte, escrita la palabra con A mayúscula, no existe, pues el Arte con A mayúscula tiene por esencia que ser un fantasma y un ídolo. Podéis abrumar a un artista diciéndole que lo que acaba de realizar acaso sea muy bueno a su manera, sólo que no es Arte. Y podéis llenar de con...

« El arte y los artistas - antología. En este fragmento de la introducción de la célebre historia del arte de E.

H.

Gombrich se analiza, con un estilo ameno en clave de divulgación característico de este autor, larelación entre el arte, los artistas y el espectador.

La traducción de esta edición es de Rafael Santos Torroella. Fragmento de La historia del arte . De Ernst Hans Gombrich. Introducción. No existe, realmente, el Arte.

Tan sólo hay artistas.

Estos eran en otros tiempos hombres que cogían tierra coloreada y dibujaban toscamente las formas de un bisontesobre las paredes de una cueva; hoy, compran sus colores y trazan carteles para las estaciones del metro.

Entre unos y otros han hecho muchas cosas los artistas.

Nohay ningún mal en llamar arte a todas estas actividades, mientras tengamos en cuenta que tal palabra puede significar muchas cosas distintas, en épocas y lugaresdiversos, y mientras advirtamos que el Arte, escrita la palabra con A mayúscula, no existe, pues el Arte con A mayúscula tiene por esencia que ser un fantasma y unídolo.

Podéis abrumar a un artista diciéndole que lo que acaba de realizar acaso sea muy bueno a su manera, sólo que no es Arte.

Y podéis llenar de confusión aalguien que atesore cuadros, asegurándole que lo que le gustó en ellos no fue precisamente Arte, sino algo distinto. En verdad, no creo que haya ningún motivo ilícito entre los que puedan hacer que guste una escultura o un cuadro.

A alguien le puede complacer un paisaje porque loasocia a la imagen de su casa, o un retrato porque le recuerda a un amigo.

No hay perjuicio en ello.

Todos nosotros, cuando vemos un cuadro, nos ponemos arecordar mil cosas que influyen sobre nuestros gustos y aversiones.

En tanto que esos recuerdos nos ayuden a gozar de lo que vemos, no tenemos por quépreocuparnos.

Unicamente cuando un molesto recuerdo nos obsesiona, cuando instintivamente nos apartamos de una espléndida representación de un paisaje alpinoporque aborrecemos el deporte de escalar, es cuando debemos sondearnos para hallar el motivo de nuestra repugnancia, que nos priva de un placer que, de otromodo, habríamos experimentado.

Hay causas equivocadas de que no nos guste una obra de arte. A mucha gente le gusta ver en los cuadros lo que también le gustaría ver en la realidad.

Se trata de una preferencia perfectamente comprensible.

A todos nos atrae lobello en la naturaleza y agradecemos a los artistas que lo recojan en sus obras.

Esos mismos artistas no nos censurarían por nuestros gustos.

Cuando el gran artistaflamenco Rubens dibujó a su hijo, estaba orgulloso de sus agradables facciones y deseaba que también nosotros admiráramos al pequeño.

Pero esta inclinación a lostemas bonitos y atractivos puede convertirse en nociva si nos conduce a rechazar obras que representan asuntos menos agradables.

El gran pintor alemán AlbertoDurero seguramente dibujó a su madre con tanta devoción y cariño como Rubens a su hijo.

Su verista estudio de la vejez y la decrepitud puede producirnos tan vivaimpresión que nos haga apartar los ojos de él, y sin embargo, si reaccionamos contra esta primera aversión, quedaremos recompensados con creces, pues el dibujo deDurero, en su tremenda sinceridad, es una gran obra.

En efecto, de pronto descubrimos que la hermosura de un cuadro no reside realmente en la belleza de su tema.No sé si los golfillos que el pintor español Murillo se complacía en pintar eran bellos estrictamente o no, pero tal como fueron pintados por él, poseen desde luegogran encanto.

Por otra parte, muchos dirían que resulta ñoño el niño del maravilloso interior holandés de Pieter de Hooch, pero igualmente es un cuadro delicioso. La confusión proviene de que varían mucho los gustos y criterios acerca de la belleza.

Las ilustraciones 5 y 6 son cuadros del siglo XV que representan ángelestocando el laúd.

Muchos preferirán la obra italiana de Melozzo da Forlì, encantadora y sugestiva, a la de su contemporáneo nórdico Hans Memling.

A mí me gustanambas.

Puede tardarse un poco más en descubrir la belleza intrínseca del ángel de Memling, pero cuando se lo consiga, la encontraremos infinitamente amable. Y lo mismo que decimos de la belleza hay que decir de la expresión.

En efecto, a menudo es la expresión de un personaje en el cuadro lo que hace que éste nos gusteo nos disguste.

Algunas personas se sienten atraídas por una expresión cuando pueden comprenderla con facilidad y, por ello, les emociona profundamente.

Cuandoel pintor italiano del siglo XVII Guido Reni pintó al cabeza del Cristo en la cruz, se propuso, sin duda, que el contemplador encontrase en este rostro la agonía y todala exaltación de la pasión.

En los siglos posteriores, muchos seres humanos han sacado fuerzas y consuelo de una representación semejante del Cristo.

El sentimientoque expresa es tan intenso y evidente que pueden hallarse reproducciones de esta obra en sencillas iglesias y apartados lugares donde la gente no tiene idea algunaacerca del Arte.

Pero aunque esta intensa expresión sentimental nos impresione, no por ello deberemos desdeñar obras cuya expresión acaso no resulte tan fácil decomprender.

El pintor ittaliano del medievo que pintó la crucifixión, seguramente sintió la pasión con tanta sinceridad como Guido Reni, pero para comprender sumodo de sentir, tenemos que conocer primeramente su procedimiento.

Cuando llegamos a comprender estos diferentes lenguajes, podemos hasta preferir obras dearte cuya expresión es menos notoria que la de la obra de Guido Reni.

Del mismo modo que hay quien prefiere a las personas que emplean ademanes y palabrasbreves, en los que queda algo siempre por adivinar, también hay quien se apasiona por cuadros o esculturas en los que queda algo por descubrir.

En los períodos másprimitivos, cuando los artistas no eran tan hábiles en representar rostros y actitudes humanas como lo son ahora, lo que con frecuencia resulta más impresionante esver cómo, a pesar de todo, se esfuerzan en plasmar los sentimientos que quieren transmitir. Fuente: Gombrich, Ernst Hans.

La historia del arte .

Madrid: Editorial Debate, 1997. Microsoft ® Encarta ® 2009. © 1993--2008 Microsoft Corporation.

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